Una serie de malas noticias respecto a las previsiones de inflación y crecimiento en Estados Unidos y el bajo rendimiento electoral del programa de ajuste desplegado desde diciembre de
2023 pueden haber precipitado al Gobierno a modificar antes de lo previsto la cuadratura de la política cambiaria, apresurar la gestión de un nuevo programa con el FMI e informarlo pésimamente.